
¿Tan frágil es el alma que a la primera frenada brusca se te sale del cuerpo? Siempre la nombramos: te quiero con el alma, me duele en el alma, pero ¿qué es el alma? No conozco a nadie que haya visto un alma, pero todo el mundo habla del alma.
Un desalmado, ¿es alguien que no tiene alma, o alguien que tiene un alma oscura?
Cuando nos lastimaron decimos que tenemos el alma herida, pero ¿cómo es una herida del alma? Si el alma es como el aire, ¿cómo es que se cura?
También está el alma Mater, esa persona que le da sentido a todo que conduce a otros hacia algún lugar.
A veces se te estruja el alma y se siente en el cuerpo.
Se dice alma en pena cuando alguien no encuentra la paz; el alma de la fiesta es el que siempre la rema para estar arriba; tu alma gemela, es ese amor que solo es para vos y para nadie más.
¿Qué cosa es el alma? Tan frágil que al menor dolor se lastima y se te va del cuerpo.
Un alma con el cuerito flojo chorrea todo el tiempo y si no la arreglás se puede quedar vacía.
Desnudar el alma es más difícil que desnudar el cuerpo; el alma es más frágil que el cuerpo. Una palabra, un silencio, una mirada…hace falta muy poco para lastimar un alma.
Que uno tiene que aceptar las vueltas de la rueda de la fortuna, como en el tarot. Yo cuando era chiquita fui a una boda gitana, una fiesta muy linda, no me la olvido más...y la copa no se rompió; una vieja gitana gritaba desesperada desgracia, desgracia, y yo me asusté mucho; pero mi papá me llevó aparte y me contó que esas eran simples visiones, creencias, y estas creencias siempre tienen un origen.
Mi papá decía que a cada día lo seguía su noche, que a cada llanto una sonrisa...y a cada nacimiento una muerte.
Mi papá decía que había que celebrar las bodas con muchas sonrisas y una lágrima. La sonrisa es para la buena ventura y la lágrima para acordarnos que la vida no es eterna.
Y decía que en los funerales había que llorar con muchas lágrimas y una sonrisa. La sonrisa para acordarnos que en la vida todo es una rueda, que lo que nace, nace para morir, y lo que muere, muere para nacer.
Pero no hay que ir a las bodas pensando en funerales, ni a los funerales pensando en bodas.
A la vida hay que aceptarla como es, con su día y su noche, con su llanto y su sonrisa.
Hay que aceptar la vida como es, con sus bodas...y sus funerales.




